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El mendigo doliente narrado en el pasaje del Evangelio es honrado con un nombre: Lazaro; el otro es simplemente llamado "un hombre rico". De todas las narraciones y parabolas bi­blicas de Nuestro Senor, esta es la unica en la cual se da un nombre personal a uno de los protagonistas. El nombre "Lazaro" empleado en la historia era el mismo que el de un hombre de carne y huesos a quien Jesus amaba, y el cual, en una epoca posterior a la narracion de la historia fue restaurado a vida despues de estar cuatro dias en la tumba, (San Juan XI: 38-46.)
Este nombre de Lazaro es una forma griega del nombre hebreo Eleazar y significa: "Dios es mi ayuda". Posiblemente el nombre de Lazaro era muy conocido y popular entre los hebreos.
En algunas obras teologicas se designa al rico de la narracion con el nombre de Epulon, (gloton), pero su nombre no aparece en las escrituras. "Epulon" es simplemente un derivado del adjetivo "opulento,'' que significa "tener gran riqueza.''
Comentando el hecho de que Nuestro Senor le dio un nombre al mendigo de la historia y dejo anonimo al rico, San Agustin en el sermon, escrito XII, hace esta pregunta sugestiva: "żNo os parece que Jesucristo estaba leyendo ese libro donde hallo escrito el nombre del pobre, pero no el del rico, y que ese libro era precisamente el libro de la vida?"

El hombre rico y el mendigo Lazaro se les presenta a uno y otro extremos opuestos del contraste entre las riquezas v la indigencia. El rico vestia ropas muy costosas, purpura y lino fino, y su comida diaria era una fiesta suntuosa. Lazaro era llevado a las puertas del palacio del rico, y alla­ el mendigo permaneci­a impotente, con el cuerpo lleno de llagas. Nos imaginamos a Lazaro con muletas y casi desnudo para aliviar el dolor que produce el roce de la ropa en las llagas al caminar.
El rico se hallaba rodeado de criados, listos para satisfacer sus deseos mas insignificantes. El pobre limosnero echado a sus puertas no teni­a a nadie que lo atendiera, exceptuando unos perros que junto a el, esperaban las sobras de la mesa del rico.
Asi­ es el cuadro que se pinta del uno y del otro en sus vidas. Despues un cambio rapido de escenario, vemos a los mismos hombres al otro lado del velo que se halla suspendido entre esta vida y la futura. Lazaro murio como cosa natural del ser humano, y nada se dice de sus funerales, su cuerpo cubierto de llagas probablemente fue echado en una fosa comun para los pobres, y cumplia asi­ con resignacion su expiacion en su enfermedad, pero los Angeles llevaron su espi­ritu inmortal al parai­so, ese lugar de descanso para los bienaventurados, comunmente conocido como el Seno de Abraham. En griego es llamado "hades,'' el mundo invisible, como el lugar donde se encuentran hasta el dia de la resurreccion, los espi­ritus humanos que han partido de este mundo.
Claro que el hades se dividi­a en dos partes, una para los perdidos y otra para los salvos. La primera se llamaba "El parai­so" Ambos nombres tienen su origen en el Talmud, y Cristo los usa en esta historia. Los bienaventurados estaban en estado consciente de consolacion. Los otros se hallaban separados de los salvos por una gran sima o profundidad, o mejor dicho por una muralla profunda e imposible de cruzar, aun en espi­ritu en la forma figurativa de los rabinos.
El rico tambien murio, sus funerales indudablemente fueron lujosos, pero no leemos que un sequito de Angeles haya bajado para recibir su espi­ritu. En el infierno, la segunda division del hades, como lo expresa el texto, levanto los ojos y vio a Lazaro en la distancia, reconociendolo como el mismo mendigo, recogido en las mansiones de Abraham.
Abraham, llamando "hijo" al pobre espi­ritu atormentado, le recordo todas las cosas agradables que habi­a tenido para si mismo sobre la tierra, mientras que Lazaro padeci­a desatendido y abandonado, echado a sus puertas; y ahora, mediante la operacion de la ley divina, Lazaro habi­a recibido una recompensa, y el rico una retribucion. Ademas, era imposible concederle su lastimosa solicitud, porque de donde estaba Lazaro hasta donde estaba el, era prohibido el paso o comunicacion material entre los dos lugares.
La peticion del infeliz sufriente no fue del todo egoi­sta, en medio de su angustia se acordo de aquellos de quienes la suerte lo habi­a separado, y deseando salvar a sus hermanos y quizas otros familiares, de este destino que habi­a recibido, rogo que Lazaro fuese enviado a la tierra, a la antigua casa de su familia para amonestar a sus egoi­stas hermanos, al igual que a los amadores de los placeres, del terrible lugar que los separaba, a menos que se arrepintieran y reformaran sus vidas de acuerdo con las leyes morales, mientras se hallaban en la carne. Pudo haber en esta suplica una indicacion de que si a el se le hubiese advertido suficientemente, tal vez habri­a vivido mejor y escaparia de aquel tormento.
Cuando se le fue dicho que sus parientes teni­an las palabras de Moises y los profetas, a quienes debi­an obedecer, el contesto que si alguien de entre los muertos fuera a ellos, seguramente se arrepentiri­an.
Abraham contesta sabiamente y con logica, que si no escuchaban a Moises y a los profetas, tampoco creeri­an, quizas menos aun, si alguno se levantara de entre los muertos y les hablara.
Si se intenta interpretar esta historia en su totalidad, o aplicar en forma definitiva cualquiera de sus partes, debemos tener presente que Jesus la dirigio a los fariseos con caracter de reproche instructivo a causa de las burlas y desprecios con que recibieron la amonestacion de el, sobre los peligros de empenarse en servir a las riquezas. Jesus empleo metaforas judi­as, y las figuras de la historieta son las que mas directamente se aplicari­an a los expositores oficiales de Moises y los profetas.
Aunque para fines practicos seria cri­ticamente impropio inferir principios doctrinales de las narraciones parabolicas, no podemos admitir que Jesus ensenara cosas falsas ni aun en sus parabolas y discursos; y por consiguiente, aceptamos como verdaderas las condiciones representadas en el mundo de los espi­ritus desincorporados. Se aclara que los justos e injustos viven separados durante el intervalo entre la muerte corporal y la resurreccion. El Parai­so o "Seno de Abraham,'' como los judi­os se complacen en llamar esa morada bendita, no es el lugar de la gloria final, ni el infierno al cual fue consignado el espi­ritu del rico, es la morada postrera de los condenados.
Sin embargo, las obras de los hombres los acompanan a ese estado preliminar o intermedio y al morir ciertamente veran que su morada sera aquella para la cual se prepararon mientras vivieron en la carne.
Las riquezas no determinaron el destino del rico, ni el descanso que recibio Lazaro fue el resultado de su pobreza. Lo que trajo la condenacion al rico fue su inhabilidad para usar sus riquezas debidamente, asi­ como la egoi­sta satisfaccion en el gozo sensual de las cosas terrenales, al cual a tal grado se entrego, que paso por alto las necesidades o pobreza de sus semejantes, mientras que por otra parte, la paciencia y resignacioon del mendigo en sus aflicciones y padecimientos, su fe en Dios y la vida recta, sobre entendida aun cuando no expresada, le trajeron la felicidad.
El grave pecado del rico, que se manteni­a apartado de los pobres y dolientes, y a quien no le faltaba cosa alguna que se pudiera obtener por dinero, fue su orgullosa autarqui­a. De esta manera fue censurado el retraimiento de los fariseos, del cual por cierto se jactaban, ya que su propio nombre significaba " separatistas.''
La parabola ensena la continuacion de la existencia individual, despues de la muerte del cuerpo, y la relacion que guarda la causa con el efecto entre la vida que cada cual lleva en la carne y la condicion que le espera en la otra vida.
   
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